En lugar de tocar el timbre, le hizo una llamada al celular. Se sentaron después de darse un abrazo. Sacó una caja de cartón con calcas de bandas de Hardcore y Punk. Le mostró los vinilos y le dio el precio de cada uno. Los revisó y le devolvió uno que ya había comprado la vez anterior. “¿Sabés que lo que dijiste en redes no fue bien recibido por los muchachos? Algunos piensan que rebaja tu autoridad, que te roba entre ellos el respeto que te tienen”. “Bueno, fue un comentario suelto sobre algo que pasó hace muchos años: era otro, diferente al que soy ahora. Agua pasada. Soy un hombre que vive su vida, que la lleva encima, que asiste a ella como cualquiera que va siendo. ¿Cuántas veces se equivoca una persona en lo que le toca vivir? ¿Lo has pensado? ¿Haz contado tus propios errores? Es una cuenta imposible. Las decisiones que se toman en la vida se reflejan en las de nuestros cercanos, es cierto, pero el que vive es uno, no los demás. Ahora, si te tranquiliza, sumaré el desacierto”.
Escucharon algo de música, se tomaron un trago lento y, tras acordar una visita para dentro de un mes, se despidieron.
La sombra de los árboles se reflejaba en la calle bajo el brillo de la luna.
¡Qué más da!
Por: Víctor Raúl Jaramillo
Fotos: Bruno Sandstede en el Grita 2025 - Manizales (Caldas)